Había una vez dos niños gemelos llamados Juan y Pepe. A
ellos les gustaba mucho salir al parque para poder jugar, hablar con más amigos
y sobre todo, cazar bichos.
Un día cazaron moscas, otro día recogieron hormigas, y así
casa día podían reunir una colección de bichos para enseñárselo a sus
compañeros.
La mamá de Juan y Pepe siempre les estaba regañando porque
no consideraba correcto coger seres vivos, ya que luego podrían morir.
Una tarde soleada, Juan y Pepe salieron con sus padres al
campo. Los niños estaban muy contentos porque
podían cazar una gran variedad de bichos para su colección.
Juan encontró un pájaro herido y decidieron llevárselo a su
casa para cuidarlo.
Cuando se curó, decidieron quedárselo la mamá de Juan dijo:
-
No podéis quedaros el pájaro, ya que si lo metéis en una jaula se pondrá triste y
morirá.
-
No pasa nada, mamá. Nosotros lo cuidaremos bien
Al día siguiente, Pepe fue castigado por no comerse toda la
comida, por tanto no acudió al cumpleaños de su amigo Víctor, al que tanto quería.
Miraba por la ventana cómo sus amigos acudían y él no. Se
sentía como un pájaro enjaulado.
Se dio cuenta de que se sentía como su pajarito y decidió
soltarlo.
Se acercó a su madre y le dijo:
-
Mamá, ya sé cómo se siente un pajarito
enjaulado. No volveré a hacerlo más. Hay que sentirse libre.
Colorín colorado este cuento se ha acabado.
Fin
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