“El príncipe despistado”
Érase una vez un príncipe llamado Eric al que le gustaba
pasear por el bosque. Le gustaba tanto tanto, que el día que no paseaba por
dicho bosque se sentía triste.
Un día, mientras paseaba, se perdió ya que caminó por largas
horas sin darse cuenta, sintió que tenía frío, y el camino estaba oscuro, así
que no tuvo más remedio que descansar debajo de un árbol. Se quedó dormido en
un abrir y cerrar de ojos.
Al día siguiente, Eric se despertó y tenía delante de él una
ardilla que lo miraba a los ojos.
-
¡Hola, muchacho! Dijo la ardilla
-
Pero… ¡Desde cuándo existen las ardillas que
hablan?
-
Desde siempre joven. Aquí todas las ardillas
hablamos ¿ Te has perdido? Preguntó la ardilla
-
Sí, porque se hizo de noche y ahora no sé volver
a casa.
-
No te preocupes, joven ¡Yo te ayudaré!
Tanto la ardilla como el príncipe anduvieron hasta llegar a
un río cristalino. Allí se acercaron para beber agua.
-
Sigo sin saber dónde estamos. Dijo el príncipe
-
No te preocupes, tenemos todo el día para
encontrar tu casa.
De repente, un grito los asustó.
-
¡Socorro!¡ socorro!
Cuando Eric se dio la vuelta, una jovencita chocó contra él.
-
Perdona, no te había visto, exclamó la joven.
-
No te preocupes. Oye, ¿por qué corres?
-
Es que me persiguen los Rabits
-
¿Y quiénes son los Rabits? Preguntó extrañado el
príncipe.
-
Pues son
unos monstruos que le sirven a un malvado caballero.
-
¿y por qué te persiguen?
-
Porque me he escapado. Me secuestraron cuento
tenía 10 años y mis padres siempre me han estado buscando.
-
¿ Tú eres la princesa Lira? Siempre había oído
que una princesa fue secuestrada por un
monstruo, pero creí que todo era una leyenda.
-
Es verdad, yo soy esa princesa.
-
Pero… no hay tiempo que perder, es hora de irme
para que no me atrapen, gritó la princesa.
-
Vamos contigo.
Así pues el príncipe, la princesa y la ardilla corrieron
hasta llegar a una cabaña. Allí pasaron la noche.
-
Oye, yo también soy un príncipe, el príncipe Eric.
¿Nunca has escuchado nada?
-
No, contestó la princesa, pero es que llevo
mucho tiempo encerrada, no conozco nada de nadie.
Tanto Eric como Lira,
se pasaron toda la noche contándose anécdotas y conociéndose poco a poco hasta
caer rendidos.
Al día siguiente los rabits aparecieron por allí para
llevarse a la princesa.
-
¡Eric, socorro!
Cuando Eric despertó vio como se llevaban a la princesa.
-
¿Y ahora qué hacemos?
-
Debemos ir al castillo malvado, seguro que está
allí. Voy a olfatear
Iniciaron el camino, hasta llegar al castillo. Entraron y… ¡
Allí estaba Lira rodeada de rabits y por el caballero malvado!
-
Suéltala, gritó Eric
-
Tendrás que luchar conmigo.
-
Eso está hecho
El príncipe se llenó de valor y con su espada mágica
consiguió derrotar al caballero malvado.
Pero Lira cayó desmayada.
-
¡Lira, Lira!
Eric también cayó al suelo
Al momento abrió los ojos y…
-
¿Dónde estoy?
-
¡ Pero si estoy en el bosque! Debajo del árbol
donde me quedé dormido.
Eric había tenido un sueño, y todo lo que había pasado no
había existido.
Empezó a caminar hasta llegar a casa.
Su madre, preocupada, le pregunto:
-
Eric, pero dónde te habías metido.
-
Me despisté, madre. No volverá a ocurrir.
-
Pues arréglate porque ya están aquí el rey
Carlos y la reina María con su hija Lira.
-
No puede ser ¡Pero si es Lira! ¡La princesa de
mis sueños!
El príncipe pensó:
-
Será el
principio de una bonita amistad
Y colorín colorado este cuento se ha acabado.
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